Antes de ponerme a escribir, me he planteado abstenerme de hacerlo
siguiendo el dicho de “a palabras necias, oídos sordos”; pero ante el grosor de
tales palabras, he seguido aquél otro de “quien calla, otorga”. Pero, antes de
entrar en el contenido de esa “pastoral”, es preciso responder a unas preguntas
previas.