Una vez, un amigo que con mi ayuda superó un examen de licenciatura, escuchándome cómo ante el mismo tribunal permanecí callado, ya me advirtió de que ese silencio mío tendría consecuencias. En efecto, las tuvo. Pues siempre he pensado que un tribunal examinador debe saber más que el examinando sobre la materia, que aquél pregunta. De ahí mi silencio, esperando entablar un “diálogo” sobre el tema por el que era preguntado.
Con este hecho he querido mostrar –no sé si lo he conseguido-, que lo que consideramos entender o saber sobre ciertos temas es siempre “dialéctico”, en el sentido que esta “palabreja” tiene de diálogo.
Creo que así lo interpretó Sócrates, cuando, al ser preguntado por una determinada materia, el filósofo respondía con otra pregunta. Esto mismo hacía un profesor que tuve, que antes de responder o de dar su opinión decía: ¿y usted qué piensa?
Estoy seguro que era ello lo que entendía, como pedagogo, el maestro Paul Freire y su obra Pedagogía del Oprimido de 1970.
Por último, ¿no es eso lo que Antonio Machado quiso decir en su obra Juan de Mairena?
De cualquier manera, jamás estaré de acuerdo con una enseñanza acrítica y repetitiva de lo que “explica” el profesor.
La enseñanza en general debe ser participativa, y las asignaturas, que, p.ej. se dan en el bachiller no son para repetirlas como un papagayo como si fuesen dogmas, sino que el enseñante las debe de utilizar para que el discípulo vaya formando su personalidad. Y, a medida que va creciendo, él solito vaya resolviendo los problemas que la vida le va creando...
Y, aunque ese tipo de enseñanza “ex cátedra” se sigue dando, tengo que decir, una vez más, que en absoluto estoy de acuerdo con ella...
Y, dado que, por el momento, he dicho sobre el tema lo que pienso, aquí lo dejo...
Manuel Vega Marín (9-10-2026)