Fíjese el lector que
digo “dioses” y no Dios. En la evolución humana, el hombre primitivo, aunque es parte de la Naturaleza, se da cuenta de de
ello, cuando ya existe un “distanciamiento” entre esa “mole” (Natura) y su
individualidad. Tenemos que dar por
supuesto que creemos en la “evolución” humana y no en la poética historieta
bíblica del Génesis. Sin embargo, nos es más fácil pensar que, aún creyendo en
la evolución, todo en la vida es tal como lo vivimos en el presente.
El hombre primitivo
ni siquiera se vive como individúo. Y lo primero que siente ante esa “mole” es miedo. Es este sentimiento el que le
lleva a pensar que por encima de él debe haber seres superiores, autores de
esos fenómenos que le provocan ese miedo.
Nos saltaremos, para no hacer este artículo
muy largo, otras teorías como el “animismo” etc., etc., y nos centraremos en las
mitologías griegas y romanas, en las que esos seres, al ser proyecciones del
hombre, poseen características casi
humanas a los que la cultura llama dioses.
Es lo que conocemos como politeísmo; si
bien
Sigmund Freud considera que el monoteísmo (un solo dios) fue
un avance cultural
Ya podemos constatar
que en un pensamiento “precientífico” el miedo
es un componente, entre otros, de las religiones... Otro componente es cultural, si bien éste puede ocurrir en
una mentalidad científica.
A medida que la Ciencia va “dando cuenta” de aquéllos
fenómenos que en el homínido causaban un sentimiento de miedo, éste debiera ir desapareciendo; pero no
sucede así. Porque ese miedo residual es aprovechado por ciertos intereses
políticos y económicos, para formar una religión concreta.
Y. aunque el Edicto
de Milán, promulgado por el emperador Constantino, fuese un decreto de libertad
religiosa, fue aprovechado por el Emperador y por la iglesia católica para
creerse la única religión verdadera, lo cual le vino a aquél “como anillo al dedo”, para la unificación de
su imperio. Todo ello, como decíamos, dentro de un proceso que duró cientos de
años. Hubo que unificar doctrinas, y, para ello en el año 325 abre el primer y
gran Concilio “ecuménico”, el de Nicea,
que él mismo preside. Y después de muchos avatares, se “salió con las suyas”,
aunque no estaba muy convencido de sus creencias, ya que fue bautizado en su
lecho de muerte. En el 381 se celebra el primer Concilio de Constantinopla.
Desde entonces los cristianos, cada vez que rezan “el credo”, hacen profesión
de su fe...
Sabemos que existen gran cantidad de religiones; pero cada
individuo se ha educado y formado su personalidad en una, dependiendo de la
cultura y del ambiente concreto en el
cual la haya ido forjando. Una mayoría de ciudadanos reduce su práctica
religiosa a una rutina, transformando sus creencias en cumplir con un ritual...
¿Quiere esto decir
que todos los que pertenecemos a una determinada cultura estamos obligados a
profesar su religión? ¿Es que no pueden existir ciudadanos ateos o,
simplemente, agnósticos? ¿O que crean en las soluciones que la Ciencia les va
aportando? ¡Claro que sí! De ahí que
afirmemos que cualquier religión debe permanecer en el ámbito de lo privado e
íntimo de todo ser humano, y que el Estado en el que éste desenvuelve su vida,
debe ser laico. Máxime en una
sociedad que presume de ser moderna...
Ya me hartado de
escribir. Así que aquí lo dejo... Otro día seguiremos...
Manuel Vega Marín (4-10-2026)