lunes, 5 de octubre de 2026

NECESIDAD DEL SER HUMANO DE CREER EN DIOSES


   Fíjese el lector que digo “dioses” y no Dios. En la evolución humana, el hombre primitivo, aunque  es parte de la Naturaleza, se da cuenta de de ello, cuando ya existe un “distanciamiento” entre esa “mole” (Natura) y su individualidad.  Tenemos que dar por supuesto que creemos en la “evolución” humana y no en la poética historieta bíblica del Génesis. Sin embargo, nos es más fácil pensar que, aún creyendo en la evolución, todo en la vida es tal como lo vivimos en el presente.

   El hombre primitivo ni siquiera se vive como individúo. Y lo primero que siente ante esa “mole” es miedo. Es este sentimiento el que le lleva a pensar que por encima de él debe haber seres superiores, autores de esos fenómenos que le provocan ese miedo.

    Nos saltaremos, para no hacer este artículo muy largo, otras teorías como el “animismo” etc., etc., y nos centraremos en las mitologías griegas y romanas, en las que esos seres, al ser proyecciones del hombre,  poseen características casi humanas a los que la cultura llama dioses. Es  lo que conocemos como politeísmo; si bien

Sigmund Freud considera que el monoteísmo (un solo dios) fue un avance cultural

   Ya podemos constatar que en un pensamiento “precientífico” el miedo es un componente, entre otros, de las religiones... Otro componente es cultural, si bien éste puede ocurrir en una mentalidad científica.

   A medida que la Ciencia va “dando cuenta” de aquéllos fenómenos que en el homínido causaban un sentimiento de miedo, éste debiera ir desapareciendo; pero no sucede así. Porque ese miedo residual es aprovechado por ciertos intereses políticos y económicos, para formar una religión concreta.

  Y. aunque el Edicto de Milán, promulgado por el emperador Constantino, fuese un decreto de libertad religiosa, fue aprovechado por el Emperador y por la iglesia católica para creerse la única religión verdadera, lo cual le vino a aquél  “como anillo al dedo”, para la unificación de su imperio. Todo ello, como decíamos, dentro de un proceso que duró cientos de años. Hubo que unificar doctrinas, y, para ello en el año 325 abre el primer y gran Concilio “ecuménico”, el de Nicea, que él mismo preside. Y después de muchos avatares, se “salió con las suyas”, aunque no estaba muy convencido de sus creencias, ya que fue bautizado en su lecho de muerte. En el 381 se celebra el primer Concilio de Constantinopla. Desde entonces los cristianos, cada vez que rezan “el credo”, hacen profesión de su fe...

Sabemos que existen gran cantidad de religiones; pero cada individuo se ha educado y formado su personalidad en una, dependiendo de la cultura y del  ambiente concreto en el cual la haya ido forjando. Una mayoría de ciudadanos reduce su práctica religiosa a una rutina, transformando sus creencias en cumplir con un ritual...

    ¿Quiere esto decir que todos los que pertenecemos a una determinada cultura estamos obligados a profesar su religión? ¿Es que no pueden existir ciudadanos ateos o, simplemente, agnósticos? ¿O que crean en las soluciones que la Ciencia les va aportando? ¡Claro que sí! De ahí que afirmemos que cualquier religión debe permanecer en el ámbito de lo privado e íntimo de todo ser humano, y que el Estado en el que éste desenvuelve su vida, debe ser laico. Máxime en una sociedad que presume de ser moderna...

   Ya me hartado de escribir. Así que aquí lo dejo... Otro día seguiremos...

 

 

                      Manuel Vega Marín (4-10-2026)

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