El siete de Agosto tomó posesión como presidente de Colombia Abelardo de la Espriella. La “payasada” fue testificada por todo el “facherío” del Continente latino. Entre ellos Milei, junto al cual se colocó el rey Felipe, confirmando lo que Donald Trump quiere: que Latinoamérica siga siendo el “patio trasero” de EE.UU. Esta vez pocos informativos se han hecho eco de la visita del rey de España a Colombia. ¡Por algo será!...
El nuevo ocupante de la Casa de Nariño en Bogotá, lo es gracias a la enorme cantidad de dólares prometidos por Donald Trump, para que en unas elecciones manipuladas, saliera de las urnas el candidato impuesto por él. En torno a 200 mil votos justifican la labor política progresista y en pro de los derechos humanos de Gustavo Petro, que su candidato Iván Cepeda pretendía prolongar.
El escenario en que se ha desarrollado la “farsa” indica las intenciones políticas del nuevo presidente Abelardo. Bajo la sola apariencia de descentralización política, el acto unitario que tradicionalmente se celebraba en la plaza Simón Bolívar de Bogotá ha tenido lugar en Cali, ciudad de ricos y de narcotraficantes; su discurso, en un cuartel del ejército, y el “despiporre” religioso en la capilla de una Universidad privada. Un señor abogado, que hasta hace bien poquito se declaraba ateo, se ha dado cuenta del auge de la especie “secta religiosa evangelista” en toda América, casualmente, desde que gobierna Trump, como para que en la capilla no faltasen imágenes religiosas, ni siquiera un genocida rabino, amigo de Natanyahu, contraviniendo la Constitución del Estado colombiano, que declara a Colombia como Estado laico. ¿Es a esto y mucho más por venir a lo que el rey Felipe con su presencia en el juramento presidencial ha dado el vtº bº, además de rendir pleitesía al presidente de EE.UU.? Igual que en resto de países donde gobierna la derecha, el nuevo presidente ha insistido en el tema de la “seguridad. En ello se asemeja especialmente a los que presiden Ecuador y El Salvador (Daniel Noboa y Nayib Bukele).
Y, para terminar, me basta con decir que nuestro Jefe de Estado, no asistiendo a la toma de posesión de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, estuvo a punto de provocar una ruptura diplomática con el país hermano sólo por pedir perdón –cosa que hizo el Vaticano -, ante la petición expresa de López Obrador, por los excesos cometidos por el trujillense “libertador” y sus huestes, el “valiente” Hernán Cortés...
Ahora sí que termino esta protesta...
Manuel Vega Marín (10-8-2026)
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