Es muy difícil alcanzar una definición exacta sobre este “raro” fenómeno humano, pues son muchos los puntos de vista desde donde se puede enfocar. Pero, si nos atenemos al vocablo, ya podremos tener una primera aproximación; la palabra religión expresa “religación”. Y, teniendo en cuenta que el ser humano forma parte de la Naturaleza, podemos obtener una primera pista: la existencia de” dos”“elementos” que se relacionan entre sí.
A partir de ese indicio básico podemos estudiar este fenómeno desde diferentes ángulos. Tradicionalmente se ha estudiado el fenómeno como hecho “objetivo-social” o como hecho “subjetivo-psíquico-psicológico”. Nosotros nos proponemos estudiarlo desde la perspectiva global de “relación”.
Imaginémonos a un ser primitivo, un “prehombre” con una escasa inteligencia –fechar cuándo supondría entrar en el ter,reno de la Antropología-, que observa que llueve, que las cosechas se renuevan, que el “cosmos” ruge, que nace y muere, etc., etc. inmediatamente “piensa” que, como él cuando mata a un animal, esos hechos deben tener un autor. En un principio tal autor es la Naturaleza; pero, según va evolucionando, tal autor como él, debe ser menos abstracto y más personal, que la, madre Naturaleza. Y ese autor que crea fenómenos tan enormes y grandiosos debe tener un poder por encima de ellos.
Ese ser capaz de crear hechos tan portentosos, de los que el hombre primitivo no encuentra explicación real y ajustada, no tiene más remedio que acudir a un ser superior a él, al que llamará dios o dioses, y a los que pedirá protección frente al miedo que tales hechos le ocasionan. Ya tenemos un elemento fundamental de aquella religación primitiva: el miedo. A continuación surge un segundo componente de toda religión. Más que componente, yo diría mejor, un síntoma derivado del propio miedo: que no les ocurra ningún daño a mis parientes muertos. A resultas de lo cual, disponemos de dos hechos o elementos básicos e iníciales de cualquier religión en general.
Posteriormente, no sin cierto interés de apoderarse de la subjetividad humana, vendrán grupos sociales interesados que “empaquetarán” lo que llamamos fe, como un conjunto de creencias de un determinado grupo socio-cultural. En Occidente el grupo socio-cultural más destacado es el Judaísmo, del que derivan el Cristianismo y el Mahometismo. Tres religiones “oficiales” y “troncales” de las que nacerán otras ramas a lo largo de la Historia, según la cultura y el grupo social que las monopolicen. Todas ellas tienen de común denominador ser monoteístas, es decir; que creen en un solo dios, frente a otras que son politeístas, esto es; que creen en muchos dioses. Según S. Freud, el monoteísmo supuso un avance frente al politeísmo. Opinión ésta, con la que no estoy de acuerdo. Precisamente, una de las objeciones que la Ciencia y los ateos ponen a la religión es que, si dios existe, por qué no se manifiesta igual en todos los pueblos y culturas. Dicha objeción ve dirigida a las tres más importantes, una de las cuales está “administrada” por la iglesia católica, siendo la más influyente en Occidente.
Con el nacimiento de la Ciencia las cosas comienzan a cambiar. El hombre moderno encuentra en ella “casi” todas las explicaciones a los fenómenos naturales, con los que se encontraron sus antepasados, y por falta de aquélla se vieron obligados a crear y a creer en seres superiores, que para algunos filósofos, como L Feurerbach, no son más que proyecciones de sí mismo. Con ello entraríamos en la parte más personal y psicológica de la vivencia religiosa, tema muy amplio, cuyo tratamiento haría interminable este artículo. Así que lo dejaremos para otra ocasión, no sin antes exponer lo que otro científico ateo y psicoanalista francés, Jaques Lacán, manifestó al respecto: la Religión sobrevivirá a la Ciencia, pues siempre habrán misterios por descubrir...
Dicho a grandes saltos lo que deseaba, aquí lo dejo...
Manuel Vega Marín (4-8-2026)
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