El vocablo libertad siempre ha sido usurpado y monopolizado por el sistema capitalista de tal manera, que sus “medios divulgativos” han hecho creer a la ciudadanía que ese “robo” es algo consubstancial al sistema, olvidando –de ahí la palabra monopolizando, como sinónimo de manipulando- que, hasta que los trabajadores con su lucha consiguieron el voto universal, éste fuese censitario, es decir; sólo podían votar en unas elecciones las familias a partir de un cierto capital. Y quien determinaba el montante de dinero era el propio Estado, actuando en defensa de esas familias.
Una de las acepciones del vocablo es la de poder hacer “esto o lo otro”. Pero esto no es más que pura teoría, porque ¿qué trabajador que, aún trabajando más de lo establecido, puede llagar a final de mes, p.ej., en España, cuyo salario medio es de 1500 euros?.
Otra de las acepciones la introdujeron en el lenguaje los economistas clásicos: que el obrero, igual que el empresario, puede ir libremente al “mercado” a vender su excedente, cuándo aquél no tiene otra mercancía más que su “fuerza de trabajo”, -que diría K. Marx-. (Y aquí me podría enrollar con todo el tema de la plusvalía, etc., pero no lo haré; ¡no tema el lector!).
Lo que sí quiero dejar muy claro es que el término libertad es un concepto filosófico del que nadie se puede apropiar, y, mucho menos, manipular... Remedando a uno de nuestros clásicos en su obra teatral “El Alcalde de Zalamea”, diríamos que la libertad es un concepto filosófico, y pertenece al que sea capaz de pensar...
Otro de nuestros clásico, Baltasar Gracián, afirmaba que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Así que hasta aquí hemos llegado...
Manuel Vega Marín (24-8-2026)
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