La propia palabra lo dice: a-teísmo, es decir; no dios, sin dios. Pero el vocablo explica poco. En cambio, si nos fijamos en cuál es su o rigen, o cuál es su cuna, aprenderemos mucho más...
Comenzaremos diciendo, aunque parezca un sin sentido, que el ateísmo tiene la misma antigüedad que la religión. Pero el primero surge de la duda y de la curiosidad; esto es, del pensamiento crítico, mientras que la segunda, como bien decían los epicúreos, surge del miedo.
El hombre primitivo, al tomar conciencia de sí y de todo lo que le rodea, básicamente adopta dos posturas: una propiamente religiosa, en que la lluvia, las cosechas, el rayo, etc., tienen un creador, dios, responsable de su existencia; y otra, que podríamos denominar pre-científica, en la que duda y se pregunta por otra causa. En la primera Cree, y en la segunda razona.
Ya en los primitivos filósofos griegos podemos contemplar las dos corrientes, aunque manteniéndose en un nivel precientífico. Unos siguen a Demócrito o Aritóteles, otros, a Platón o Plotino. Lo que tradicionalmente, aunque no sea totalmente cierto, los dos ramales básicos de la Filosofía: el Materialismo y el Idealismo. Lo cual no quiere decir que en ambos no se razone.
Pero lo que en absoluto es cierto que los que nos consideramos agnóstico o ateos seamos unos tristes desgraciados, mientras los creyentes son alegres y confiados. Más bien son éstos los que intentan hacer proselitismo sobre aquéllos. Un religioso puede estar menos comprometido con los demás, que lo pueda estar ética y moralmente un ateo. Es aquello de muchos golpes de pecho...
Mientras que los ateos, como los epicúreos, vivimos alegres, los creyentes viven atormentados por el pecado y el miedo de no alcanzar “la otra vida”.
Uno de los significados que puede tener la famosa frase de Carlos Marx de que la religión es el opio del pueblo es que la religión adormece.
En occidente la religión ha estado administrada e impuesta por la iglesia católica, y fundamentada en un libro, la biblia, tenido por histórico durante el Medioevo. Muchos científicos, como Copérnico, Galileo Galilei, temiendo a ser quemado en la hoguera de la Inquisición como Giordano Bruno, por sus teorías heliocéntricas, se mantuvieron dentro de la iglesia, aunque sus descubrimientos contravenían lo expresado en la biblia: el hombre como centro de la creación y del cosmos. Más moderno es Isaac Newton, también creyente y religioso. El evolucionismo de Darwin marcó otro hito en la desaparición del “pensamiento mágico”.
Hay un autor, L. Feuerbach, padre de las juventudes hegelianas, sobre el que escribí un libro, justamente porque me encandiló sus dos “obritas”: La esencia del Cristianismo (1841), La esencia de la Religión (1851). En ambas expresa que fue el hombre quien creó a Dios, para creer luego que Éste no era sino un paso más en su propio conocimiento. Ludwig Andreas Feuerbach fue un filósofo alemán, antropólogo, biólogo y crítico de la religión. Es considerado el padre intelectual del humanismo ateo contemporáneo, también denominado ateísmo antropológico. Nació en Alemania en 1804, muriendo a los 68 años en Nüremberg en 1872.
El lector me perdonará por esta autocita. Pero debe de estar seguro que no es para darme “postín”.
Terminaré este largo artículo con una cita no literal de la frase de un ateo y psicoanalista francés, Jaques Lacán: La Religión sobrevivirá a la Ciencia, porque siempre habrá cosas por descubrir...
Una característica de la Ciencia, que no de la Religión, es que la Ciencia se corrige a sí misma cada vez que aparece un hecho nuevo que contradice al anterior...
Dicho sucintamente lo que quería, aquí lo dejo....
Manuel Vega Marín (26-7-2026)
No hay comentarios:
Publicar un comentario